Ego.
Traducido del latÃn como “Yoâ€, expresa y evoca toda una gama de estudios realizados desde los aspectos psicológicos, filosóficos y religiosos, hasta las tradiciones esotéricas y/o chamánicas en diversas partes del mundo.
Y es que, cuestionar el “Yo†nos induce a reevaluar el origen de nuestra consciencia; probablemente fue lo primero que debimos aprender para identificar nuestro enjambre de músculos, huesos, arterias y ligamentos con el entorno que hemos denominado “mundoâ€. Sin el “Yoâ€, efectivamente, no habrÃa “mundo†comparable. SerÃamos parte intrÃnseca del entorno y no habrÃa diferencia entre una rama de árbol y el dedo chiquito de mi pié izquierdo – hablando solamente desde el nivel cognoscitivo, claro está-
¿Pero quién soy yo para dilucidar cuestionamientos filosóficos, psicológicos, religiosos o hasta chamánicos?
Ya han habido una extensa cantidad de mortales que otorgaron sus cansadas neuronas a establecer pequeñas señales de alerta a favor del conocimiento sobre el tema, y qué mejor que remitir al lector a los estudios realizados en la filosofia griega, egipcia, tolteca, y a religiones como la budista, la taoista, el hinduismo y, ¿por qué no?, el cristianismo, de modo que no me pondré a explicar algo que deberÃa formar parte de la cultura básica de cualquier humano que se digne de “conocerse a sà mismoâ€, inscripición que apareció en el Templo Delfos, y que fue asà mismo uno de los pilares para el pensamiento griego de Sócrates y Platón
Lo verdaderamente interesante, será la aplicación. La praxis como dirán algunos.
De modo que no hay erudición en estas lÃneas. Soy tan estúpido como el más estúpido, por lo que no tengo ventaja ni desventaja contra cualquier lector, simplemente tengo praxis que me ha permitido comprobar lo que por muchos siglos se ha repetido en boca de religiosos, pensadores, lÃderes, y hombres comunes que han logrado establecer una paz en el recorrido de su vida. La paz misma se ha convertido en un camino para ellos como bien expresó Gandhi y con ello podremos observar que su modo de vida, mejor dicho, su modo de interpretar la vida, permitió obrar milagros que todavÃa hoy nos parecen sorprendentes.
Pero no hay por qué confundirse. Este tipo de milagros son consecuencias naturales de una manipulación en el entorno que se ve susceptiblemente afectado por las cargas energéticas que lanzamos constantemente con nuestras idioteces. Siendo algo tan delicado parece increÃble que todavÃa hoy se considere que nuestro resultado de vida corresponde a algún ente demonÃaco travieso que lucha constantemente con la deidad bondadosa para confundir nuestras decisiones, y en consecuencia, obrar mal. ¿ En qué mente cabe tal pensamiento? Solo en un cerebro humano. Me gustarÃa preguntarle al perro callejero si cree que su condición se debe al aspecto dicotómico del bien y mal donde el diablo perruno lo tentó con la bebida y por ello abandonó a su familia – a su perra familia – originando una inestabilidad emocional tal, que ahora debe deambular por las calles para proveerse por sà mismo de comida y envidiar constantemente a los de su raza que son consentidos y atendidos, eso sÃ, con un “status socioeconómico†diferente.
Evidentemente, no tendré una respuesta del perro. Lo más seguro es que solo consiga una mirada de súplica por alimento. Esto es praxis.
El perro poco tiempo tiene para la queja. Come o muere. En nuestra calidad de seres racionales, de homo sapiens sapiens, es decir, hombre que piensa piensa, basamos todo nuestra interacción con el mundo mediante un sistema fijo de valores predeterminados por nuestros ancestros. Esto también es evolución y Darwin se peleó con la academia para demostrar o conjeturar que siempre el más fuerte sobrevive. Por lo tanto, somos ese producto de pensar-pensar, para vivir. Y entre tanto pensar-pensar dejamos de considerar los efectos colaterales. En un principio esto ayudó a nuestra especie para lograr metas de primer orden y que después Maslow las acomodarÃa como necesidades de primer orden, o necesidades fisiológicas. Todo eso estuvo bien en los primeros perÃodos de nuestra independencia con el TODO. Pero a lo largo de los milenios, ha existido una acentuación en la exaltación ególatra. He aquà donde comienza nuestro sufrimiento, como lo dijo el Buda.
En los siguientes mensajes hablaré sobre maneras prácticas para doblegar a ese animal de mil cabezas. El ego, ni malo, ni bueno, ha sido orientado a un sin fin de necesidades que logran desviar la paz que poseemos. Toda una vida lleva doblegar esta entidad, pero si no es hoy, el ego continua afirmándose a sà mismo hasta niveles verdaderamente peligrosos. Tan peligrosos que nos quitan el sabor por la vida.